Las Tablas de Almarail - Volver a Inicio

 

Inicio

El pueblo de Almarail

Las fiestas de Almarail

Actividades realizadas en Almarail

Tradiciones e historias de antaño

Semana Santa

Bendic. campos

Corpus Christi

Historias

Enlaces y buscador soriano

¿Quién ha diseñado esta Web?

Agradecimientos

Da tu opinión

 

El foro de Almarail - Pulsa para participar

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El portal de Almarail (Soria)

Tradiciones de Almarail

 

Historias de antaño.

Fotografía del año 1942. Archivo familia Soto Pérez.

Escuela de Almarail años 1961-62

A continuación recogemos una selección de relatos de hechos ocurridos antiguamente en nuestro pueblo: tradiciones perdidas, fiestas, historias...

 

EL POBRERO DE ALMARAIL

Por Andrés Muñoz

En Almarail se le llamaba “pobrero” a una pequeña dependencia municipal, que servía de alojamiento transitorio a los pobres o mendigos transeúntes. Era algo parecido a lo que hoy se conoce como albergue de transeúntes, pero a lo pobre .  Existía en muchos pueblos de la provincia de Soria, aunque en algunos se le llamaba pobrera o casa de los pobres. En las pueblos mayores o villas existían albergues y hasta hospitales  para los pobres. En la actualidad ya no existe en Almarail pobrero, pues el paso del tiempo lo destruyó, por la falta de conservación y porque ya no era necesario. Los pobres no van ya por los pueblos a pedir. Están más en las poblaciones grandes. En varios pueblos sorianos el edificio todavía se conserva.

Vista del pueblo desde la zona del "pobrero"

Zona donde antaño estaba el pobrero de Almarail

 

LOS POBRES

Siempre y en todas partes ha habido pobres, masas de desposeídos. Hoy sigue habiendo pobres, a pesar de los avances técnicos, científicos y económicos. Se habla más bien de empobrecidos, contándose entre ellos una buena parte de la humanidad.

Hasta no hace mucho se dividía a los pobres en clases: pobres de solemnidad, que eran los que no tenían ni donde caerse muertos; pobres transeúntes, que vagan pidiendo limosna; pobres vergonzantes, los que no estaban catalogados como pobres y no podían pedir limosna, pero tenían necesidad; pobres a medias, los que alternaban el pedir limosna con ganarse algún dinero con trabajos esporádicos y vagabundos, que se les identificaba, más o menos, con lo mendigos, aunque tenían una significación más peyorativa: pobres vagos o que usaban la picaresca para hacerse pasar por tales, lo que obligó, en ocasiones, a exigir un certificado de pobreza, que, hasta no hace mucho, era una costumbre vigente.

Además de esta catalogación había una serie de personas o colectivos que acudían por los pueblos a ganarse la vida, pero que no andaban sobrados de medios; entre ellos estaban los gitanos, componedores, estañadores, chatarreros..., que se distinguían de los vendedores y profesionales ambulantes, los cuales cobraban por el trabajo o la venta (gorrineros, quincalleros, capadores, tenderos, charlatanes, aceiteros, afiladores, especieros....)

Hay que hacer notar que siempre los pobres han sido objeto de preocupación. Aunque, es verdad, que no se ha erradicado la pobreza (ni sus causas), a los pobres se les ha ayudado a disminuir su sufrimiento. Hoy, como ayer, personas e instituciones públicas y privadas (ayuntamientos, nobles, órdenes mendicantes, estado, ONGs, asociaciones ...) están intentando , a través de la solidaridad y una justa distribución de los recursos naturales, mitigar y buscar soluciones para todas las personas necesitadas.

 

LOS POBRES EN ALMARAIL

Echando manos de mis recuerdos desde los años 50 en adelante, en Almarail yo no he conocido pobres de solemnidad, ni vergonzantes, ni a medias entre la vecindad. Dentro  de los habitantes del pueblo los había más y menos pudientes. Todas las familias disponían de alguna propiedad: casa, tierras, ganados. Los que  tenían una herencia corta, que no les daba para vivir, se ponían de criados (jornaleros agrícolas), o se hacían pastores asalariados, o guardaban la dula o ponían los hijos a servir en el pueblo o en pueblos vecinos y las hijas las mandaban de criadas a la capital. Y todos tenían el apaño del huerto y los animales domésticos (cerdos, gallinas, conejos...) que eran una alivio para ir tirando. Había también alguna viuda con pocas posibilidades económicas, a la que se le ayudaba entre todos los vecinos de forma espontánea, sobre todo, en tiempos de la matanza, llevándoles una ayuda (un puchero de caldo de morcilla, morcillas y alguna magra).

Estalactitas de hielo en un tejado de Almarail

Antiguamente los inviernos eran muy duros para los pobres en los pueblos sorianos

Pero por Almarail venían pobres procedentes de otras partes de la provincia y de España. A veces se les llamaban, más peyorativamente, vagabundos, a los que tenían menos edad y peor pinta. Y estos pobres transeúntes, o mendigos, eran los que ocupaban el pobrero.

 

CARACTERÍSTICAS DEL POBRERO

El pobrero de Almarail era un pequeño edificio de forma rectangular, de unos 20 metros cuadrados y constaba de una sola estancia. Las paredes eran de adobe sin revocar, tanto por dentro como al exterior. El techo era de vigas de pino ( o chopo) con tablas y el tejado de doble vertiente se cubría con teja árabe. En un rincón tenía una chimenea que hacía de fogón para guisar y calentar el ambiente. En la pared del mediodía tenía una sencilla puerta de madera. El piso era de tierra prensada y sobre él se echaba paja trillada, que servía de mullido y aislante para dormir. Estaba situado al final de las eras, cerca del río Duero, junto al camino de la barca y en terrenos del cordel, ruta de los ganados trashumantes, que pasa por el término municipal. Es decir, que no estaba dentro del casco urbano, pero tampoco lejos del mismo. Se podía confundir con otros chozos que había en las eras, donde se guardaban las herramientas de la trilla. Construcción, pues, pobre, sencilla, pero útil y suficiente para pasar unas noches y guarecerse de las lluvias y el frío.

 

FUNCIONAMIENTO

Era propiedad municipal y, por tanto, dependía del ayuntamiento, que se ocupaba del mantenimiento y funcionamiento. El mantenimiento consistía en la conservación del edificio (retejar, reponer puerta, tapar grietas, goteras...), echar  o renovar la paja del suelo, llevar unas cuantas cargas de leña cada año, sobre todo, en la época invernal y, de vez en cuando, intervenir o poner paz en alguna reyerta que se producía entre dos o más pobres. Esta labor correspondía, o bien al alcalde o el juez de paz. Los pobres no tenían que pedir permiso al ayuntamiento para albergarse. Ellos venían, se metían y usaban libremente del pobrero.

De la comida no se ocupaba el ayuntamiento. Eran los mismos vecinos quienes  proporcionaban a los pobres el sustento. Pidiendo por las casas recogían pan de la hogaza, tocino, patatas, huevos, algo de aceite, algún hueso de cerdo y alguna moneda. También se  le reponía el calzado o alguna prenda de vestir. Y si se les encontraba por los caminos, se les daba la bota para que le echaran un tiento. Nunca el pobre se iba de vacío. Los habitantes del pueblo se sentían en la obligación de ayudar a mantener a los pobres, sobre todo, si tenían cierta edad o eran ya conocidos.

La estancia de los pobres no solía ser larga; dos o tres noches, a no ser que cayera enfermo, como alguna vez sucedió; entonces se quedaban más tiempo y el vecindario estaba un poco más pendiente de ellos.

Se tenía buena convivencia con los pobres, sobre todo, con los más asiduos. Por Almarail el más habitual era el conocido como “El Asturiano”, de mediana edad, de buen carácter, buen conversador y buen conocedor de los pueblos y gentes de la zona, al que, a veces, se le daban recados, para transmitirlos a otras personas de otros pueblos. Con la mayoría de los pobres se charlaba, interesándose por sus andanzas, vida y milagros. A la vez, ellos servían de correos de información sobre personas o hechos de otros pueblos. Los más cercanos comentaban las habladurías o chismorreos de personas conocidas: que si fulano ha echado una piara de ovejas, que si se ha casado la hija de mengano con tal chico, que si el alcalde de tal pueblo ha hecho esto o lo otro, etc... A veces, ponían al corriente de ciertos detalles de episodios ya conocidos; otras, eran simples conjeturas que ellos se hacían de una realidad de la que sólo habían oído campanadas.

Es necesario destacar que rara vez iban al pobrero los gitanos, otro de los grupos habituales por la comarca. Y es que los gitanos venían en clanes y no cabían en el pobrero. Ellos se albergaban en los corrales vacíos de las ovejas, donde tenían más espacio y más libertad de movimientos, pues estaban más distantes de la población. Además, según recuerdo, ciertos pobres no hacían buenas migas con los gitanos y trataban de no coincidir en el mismo pueblo. En realidad, no es que se considerasen enemigos, pero sí competidores. Los gitanos también pedían por las casas y a los pobres no les gustaba que se les adelantasen, ya que los vecinos, entonces, estarían más reacios en dar limosna a las dos partes.

La relación con los gitanos era diferente; se usaba más el trueque y la compraventa que la limosna y se tenía un grado menos de confianza que con los pobres. Eso era el actuar general, porque había casos en los que se llegaba a entablar amistad con ciertos clanes de gitanos. Yo recuerdo la cercanía que mantenía mi abuela materna con los Borja, que, aun después de emigrar a Francia y de hacerse sedentarios, en los veranos venían a hacerle una visita y charlar un rato. Los gitanos vendían cestos de mimbres, peces ( eran unos buenos pescadores del Duero: barbos, truchas, cangrejos..), mulas, borricos o algunas piezas de cobre, a cuenta de comida ( pan, legumbres, patatas, aceite, huevos, café), excepto los tratos con animales que solían ser en metálico o al cambio.

Los pobres, a pesar de la buena acogida, se sentían deudores y hasta inferiores, aunque, en ocasiones, también se mostraban exigentes. Esta cierta dependencia e inferioridad se refleja en Los Mandamientos de la ley del pobre, dicho recogido de oídas en algunos pobreros de Soria : primero, dormir en el suelo; segundo, andar por el mundo; tercero, no comer sopas de carnero; cuarto, nunca estarás harto y quinto, no beberás vino tinto. Estos cinco mandamientos se encierran en dos: matar piojos y pulgas y pedir limosna a Dios.

 

LOS POBRES Y EL CRIMEN DE RIBARROYA

En Ribarroya, pueblo colindante con Almarail, ocurrió un crimen que conmocionó toda la comarca. Fue en los años 50  ( ¿53,54? ). Una niña de 14 años fue asesinada por un vagabundo. La niña iba a llevar la comida a su hermano pastor, cuando fue abordada por un desconocido, la violó, la mató con una piedra de gran tamaño y posteriormente la tiró al río Duero. El rescate de la víctima y la captura del asesino, fueron muy laboriosas. El entierro de la niña fue un acto muy emotivo, al que asistimos todos los chicos de edad escolar de todos los pueblos de los alrededores. Se la honró como a una mártir. El asesino terminó sus días a manos del verdugo, empleando el garrote vil.

Vista de Ribarroya desde Almarail

Vista de Ribarroya desde Almarail

Este hecho hizo que la presencia de los pobres, gitanos, componedores y demás transeúntes disminuyera de forma sensible en los pueblos, en concreto, en Almarail. La guardia civil no dejaba acercarse por el contorno a pobres, gitanos, transeúntes, vagabundos...Su vigilancia era muy estricta y sus duros métodos muy convincentes. Si algún pobre aparecía por el pueblo y se enteraba que estaba cerca la guardia civil, trataba de ocultarse y luego marcharse. Esto duró un tiempo, pero pasado un año o algo más, volvieron los pobres al pobrero y a la convivencia con los habitantes del lugar.

 

MORALEJA SOLIDARIA

Hoy en día el tema de los pobres es muy actual. Se habla mucho del tercer mundo, de los empobrecidos por el actual sistema económico, de los  que mueren de hambre, de niños explotados, de las masas de necesitados de todo tipos de bienes y servicios básicos para una vida digna. Hoy que tenemos abundancia de todo, sigue habiendo pobres que piden limosna por el amor de Dios. Y no sólo en los países pobres o en vías de desarrollo, sino en nuestra propia ciudad. Con tanto desarrollo no hemos sido capaces de desarrollar la solidaridad suficiente, para que todos podamos vivir felices. Es una lástima y una vergüenza.

Por eso, el ejemplo de los pobreros antiguos y la práctica de ayudar y sostener a los pobres en los pueblos, es algo que se debe recordar, como valor humano de primera calidad. El pobre, aunque fuera de forma pasajera, formaba parte del vecindario. Las gentes del municipio se sentían obligadas a mantenerle y cuidarle, a pesar de no contar con los medios de hoy en día. Cada vecino, desde su situación, compartía con el pobre dinero, ropa, comida y comunalmente se le daba cobijo. Las personas más agarradas, o menos espléndidas en el dar, eran criticadas por los otros. Y un detalle importante: a los hijos también se les hacía partícipes de este compartir, inculcándoles el respeto a los pobres e invitándoles a dar alguna pesetilla de la hucha. En otras ocasiones eran los padres los que mandaban a los hijos a llevarle a los pobres la ayuda, para que vieran de cerca la necesidad.

 

El portal de Almarail (Soria)

Contacta con Almarail.com