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Historias
de antaño.

A
continuación recogemos una selección de relatos de hechos ocurridos
antiguamente en nuestro pueblo: tradiciones perdidas, fiestas, historias...
EL
POBRERO DE ALMARAIL
Por
Andrés
Muñoz
En Almarail se le llamaba
“pobrero” a una pequeña
dependencia municipal, que servía de alojamiento transitorio a los pobres o
mendigos transeúntes. Era algo parecido a lo que hoy se conoce como albergue
de transeúntes, pero a lo pobre .
Existía en muchos
pueblos de la provincia de Soria, aunque en algunos se le llamaba pobrera o casa de los pobres. En las pueblos mayores o villas existían
albergues y hasta hospitales para
los pobres. En la actualidad ya no
existe en Almarail pobrero, pues el
paso del tiempo lo destruyó, por la falta de conservación y porque ya no era
necesario. Los pobres no van ya por los pueblos a pedir. Están más en las
poblaciones grandes. En varios pueblos sorianos el edificio todavía se
conserva.

Zona
donde antaño estaba el pobrero de Almarail
LOS POBRES
Siempre y en todas partes ha habido
pobres, masas de desposeídos. Hoy sigue habiendo pobres, a pesar de los avances
técnicos, científicos y económicos. Se habla más bien de empobrecidos,
contándose entre ellos una buena parte de la humanidad.
Hasta no hace mucho se dividía
a los pobres en clases: pobres de solemnidad, que eran los que no tenían ni donde caerse
muertos; pobres transeúntes, que
vagan pidiendo limosna; pobres
vergonzantes, los que no estaban catalogados como pobres y no podían pedir
limosna, pero tenían necesidad; pobres a
medias, los que alternaban el pedir limosna con ganarse algún dinero con
trabajos esporádicos y vagabundos,
que se les identificaba, más o menos, con lo mendigos, aunque tenían una
significación más peyorativa: pobres vagos o que usaban la picaresca para
hacerse pasar por tales, lo que obligó, en ocasiones, a exigir un certificado
de pobreza, que, hasta no hace mucho, era una costumbre vigente.
Además de esta catalogación
había una serie de personas o colectivos que acudían por los pueblos a ganarse
la vida, pero que no andaban sobrados de medios; entre ellos estaban los gitanos,
componedores, estañadores, chatarreros..., que se distinguían de los vendedores y profesionales ambulantes, los cuales cobraban por el
trabajo o la venta (gorrineros, quincalleros, capadores, tenderos, charlatanes,
aceiteros, afiladores, especieros....)
Hay que hacer notar que
siempre los pobres han sido objeto de preocupación. Aunque, es verdad, que no
se ha erradicado la pobreza (ni sus causas), a los pobres se les ha ayudado a
disminuir su sufrimiento. Hoy, como ayer, personas e instituciones públicas y
privadas (ayuntamientos, nobles, órdenes mendicantes, estado, ONGs,
asociaciones ...) están intentando , a través de la solidaridad y una justa
distribución de los recursos naturales, mitigar y buscar soluciones para todas
las personas necesitadas.
LOS
POBRES EN ALMARAIL
Echando manos de mis recuerdos
desde los años 50 en adelante, en Almarail yo no he conocido pobres de
solemnidad, ni vergonzantes, ni a medias entre la vecindad. Dentro
de los habitantes del pueblo los había más y menos pudientes. Todas las
familias disponían de alguna propiedad: casa, tierras, ganados. Los que
tenían una herencia corta, que no les daba para vivir, se ponían de criados
(jornaleros agrícolas), o se hacían pastores asalariados, o guardaban la
dula o ponían los hijos a servir en el pueblo o en pueblos vecinos y las hijas
las mandaban de criadas a la capital. Y todos tenían el apaño del huerto y los
animales domésticos (cerdos, gallinas, conejos...) que eran una alivio para ir
tirando. Había también alguna viuda con pocas posibilidades económicas, a la
que se le ayudaba entre todos los vecinos de forma espontánea, sobre todo, en
tiempos de la matanza, llevándoles una ayuda (un puchero de caldo de morcilla,
morcillas y alguna magra).

Antiguamente
los inviernos eran muy duros para los pobres en los pueblos sorianos
Pero por Almarail venían
pobres procedentes de otras partes de la provincia y de España. A veces se les
llamaban, más peyorativamente, vagabundos, a los que tenían menos edad y peor
pinta. Y estos pobres transeúntes, o mendigos, eran los que ocupaban el pobrero.
CARACTERÍSTICAS DEL POBRERO
El pobrero de
Almarail era un pequeño edificio de forma rectangular, de unos 20 metros
cuadrados y constaba de una sola estancia. Las paredes eran de adobe sin
revocar, tanto por dentro como al exterior. El techo era de vigas de pino ( o
chopo) con tablas y el tejado de doble vertiente se cubría con teja árabe. En
un rincón tenía una chimenea que hacía de fogón para guisar y calentar el
ambiente. En la pared del mediodía tenía una sencilla puerta de madera. El
piso era de tierra prensada y sobre él se echaba paja trillada, que servía de
mullido y aislante para dormir. Estaba situado al final de las eras, cerca del río
Duero, junto al camino de la barca y en terrenos del cordel,
ruta de los ganados trashumantes, que pasa por el término municipal. Es decir,
que no estaba dentro del casco urbano, pero tampoco lejos del mismo. Se podía
confundir con otros chozos que había en las eras, donde se guardaban las
herramientas de la trilla. Construcción, pues, pobre, sencilla, pero útil y
suficiente para pasar unas noches y guarecerse de las lluvias y el frío.
FUNCIONAMIENTO
Era propiedad municipal y, por
tanto, dependía del ayuntamiento, que se ocupaba del mantenimiento y
funcionamiento. El mantenimiento consistía en la conservación del edificio
(retejar, reponer puerta, tapar grietas, goteras...), echar
o renovar la paja del suelo, llevar unas cuantas cargas de leña cada año,
sobre todo, en la época invernal y, de vez en cuando, intervenir o poner paz en
alguna reyerta que se producía entre dos o más pobres. Esta labor correspondía,
o bien al alcalde o el juez de paz. Los pobres no tenían que pedir permiso al
ayuntamiento para albergarse. Ellos venían, se metían y usaban libremente del
pobrero.
De la comida no se ocupaba
el ayuntamiento. Eran los mismos vecinos quienes
proporcionaban a los pobres el sustento. Pidiendo por las casas recogían
pan de la hogaza, tocino, patatas, huevos, algo de aceite, algún hueso de cerdo
y alguna moneda. También se le
reponía el calzado o alguna prenda de vestir. Y si se les encontraba por los
caminos, se les daba la bota para que le echaran
un tiento. Nunca el pobre se iba de vacío. Los habitantes del pueblo se
sentían en la obligación de ayudar a mantener a los pobres, sobre todo, si tenían
cierta edad o eran ya conocidos.
La estancia de los pobres no
solía ser larga; dos o tres noches, a no ser que cayera enfermo, como alguna
vez sucedió; entonces se quedaban más tiempo y el vecindario estaba un poco más
pendiente de ellos.
Se tenía buena convivencia
con los pobres, sobre todo, con los más asiduos. Por Almarail el más habitual
era el conocido como “El Asturiano”, de mediana edad, de buen carácter, buen
conversador y buen conocedor de los pueblos y gentes de la zona, al que, a
veces, se le daban recados, para transmitirlos a otras personas de otros
pueblos. Con la mayoría de los pobres se charlaba, interesándose por sus
andanzas, vida y milagros. A la vez, ellos servían de correos de información
sobre personas o hechos de otros pueblos. Los más cercanos comentaban las
habladurías o chismorreos de personas conocidas: que si fulano ha echado una
piara de ovejas, que si se ha casado la hija de mengano con tal chico, que si el
alcalde de tal pueblo ha hecho esto o lo otro, etc... A veces, ponían al
corriente de ciertos detalles de episodios ya conocidos; otras, eran simples
conjeturas que ellos se hacían de una realidad de la que sólo habían oído
campanadas.
Es necesario destacar que
rara vez iban al pobrero los gitanos, otro de los grupos habituales por la
comarca. Y es que los gitanos venían en clanes y no cabían en el pobrero.
Ellos se albergaban en los corrales vacíos de las ovejas, donde tenían más
espacio y más libertad de movimientos, pues estaban más distantes de la
población. Además, según recuerdo, ciertos pobres no hacían buenas migas con
los gitanos y trataban de no coincidir en el mismo pueblo. En realidad, no es
que se considerasen enemigos, pero sí competidores. Los gitanos también pedían
por las casas y a los pobres no les gustaba que se les adelantasen, ya que los
vecinos, entonces, estarían más reacios en dar limosna a las dos partes.
La relación con los gitanos
era diferente; se usaba más el trueque y la compraventa que la limosna y se tenía
un grado menos de confianza que con los pobres. Eso era el actuar general,
porque había casos en los que se llegaba a entablar amistad con ciertos clanes
de gitanos. Yo recuerdo la cercanía que mantenía mi abuela materna con los
Borja, que, aun después de emigrar a Francia y de hacerse sedentarios, en los
veranos venían a hacerle una visita y charlar un rato. Los gitanos vendían
cestos de mimbres, peces ( eran unos buenos pescadores del Duero: barbos,
truchas, cangrejos..), mulas, borricos o algunas piezas de cobre, a cuenta de
comida ( pan, legumbres, patatas, aceite, huevos, café), excepto los tratos con
animales que solían ser en metálico o al cambio.
Los pobres, a pesar de la
buena acogida, se sentían deudores y hasta inferiores, aunque, en ocasiones,
también se mostraban exigentes. Esta cierta dependencia e inferioridad se
refleja en Los Mandamientos de la ley del
pobre, dicho recogido de oídas en algunos pobreros de Soria : primero,
dormir en el suelo; segundo, andar por el mundo; tercero, no comer sopas de
carnero; cuarto, nunca estarás harto y quinto, no beberás vino tinto. Estos
cinco mandamientos se encierran en dos: matar piojos y pulgas y pedir limosna a
Dios.
LOS POBRES Y
EL CRIMEN DE RIBARROYA
En
Ribarroya,
pueblo colindante con Almarail, ocurrió un crimen que conmocionó toda la
comarca. Fue en los años 50 ( ¿53,54?
). Una niña de 14 años fue asesinada por un vagabundo. La niña iba a llevar
la comida a su hermano pastor, cuando fue abordada por un desconocido, la violó,
la mató con una piedra de gran tamaño y posteriormente la tiró al río Duero.
El rescate de la víctima y la captura del asesino, fueron muy laboriosas. El
entierro de la niña fue un acto muy emotivo, al que asistimos todos los chicos
de edad escolar de todos los pueblos de los alrededores. Se la honró como a una
mártir. El asesino terminó sus días a manos del verdugo, empleando el garrote
vil.

Vista de Ribarroya desde Almarail
Este hecho hizo que la
presencia de los pobres, gitanos, componedores y demás transeúntes disminuyera
de forma sensible en los pueblos, en concreto, en Almarail. La guardia civil no
dejaba acercarse por el contorno a pobres, gitanos, transeúntes,
vagabundos...Su vigilancia era muy estricta y sus duros métodos muy
convincentes. Si algún pobre aparecía por el pueblo y se enteraba que estaba
cerca la guardia civil, trataba de ocultarse y luego marcharse. Esto duró un
tiempo, pero pasado un año o algo más, volvieron los pobres al pobrero y a la
convivencia con los habitantes del lugar.
MORALEJA
SOLIDARIA
Hoy en día el tema de los pobres es muy actual. Se habla
mucho del tercer mundo, de los empobrecidos por el actual sistema económico, de
los que mueren de hambre, de niños
explotados, de las masas de necesitados de todo tipos de bienes y servicios básicos
para una vida digna. Hoy que tenemos abundancia de todo, sigue habiendo pobres
que piden limosna por el amor de Dios. Y no sólo en los países pobres o en vías
de desarrollo, sino en nuestra propia ciudad. Con tanto desarrollo no hemos sido
capaces de desarrollar la solidaridad suficiente, para que todos podamos vivir
felices. Es una lástima y una vergüenza.
Por eso, el ejemplo de los
pobreros antiguos y la práctica de ayudar y sostener a los pobres en los
pueblos, es algo que se debe recordar, como valor humano de primera calidad. El
pobre, aunque fuera de forma pasajera, formaba parte del vecindario. Las gentes
del municipio se sentían obligadas a mantenerle y cuidarle, a pesar de no
contar con los medios de hoy en día. Cada vecino, desde su situación, compartía
con el pobre dinero, ropa, comida y comunalmente se le daba cobijo. Las personas
más agarradas, o menos espléndidas en el dar, eran criticadas por los otros. Y
un detalle importante: a los hijos también se les hacía partícipes de este
compartir, inculcándoles el respeto a los pobres e invitándoles a dar alguna
pesetilla de la hucha. En otras ocasiones eran los padres los que mandaban a los
hijos a llevarle a los pobres la ayuda, para que vieran de cerca la necesidad.
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