Queridos almarailenses
de cuna o de corazón.
Para todos vosotros
va este pregón.
En día tan especial
de corazón agradezco
el privilegio, el honor,
de subir a este balcón:
sus cimientos, fragua y horno
con aroma de buen pan
y de roscas sanjuaneras
en la fiesta del lugar.
También fue balcón de escuela,
alimento cultural.
No pudo ser el balcón
donde se asomara Julia
con la emoción de la edad.
Hoy, es el balcón del pueblo
para proclamar la fiesta
de la Virgen y San Juan.
Pregonera emocionada
y con pátina de edad
caeré en la tentación
de volver la vista atrás
dedicando este pregón
a otros tiempos y personas
que habitan en mi memoria
con gran fuerza y claridad.
Ancianos de mi niñez.
Mujeres todas de negro
con saya y con delantal
con su chambra y su pañuelo;
las manos y el rostro al viento.
Hombres hondos y curtidos
por el aire y por el sol
por la tierra y su labor.
Aquella generación
de profundos sentimientos,
guardados con gran tesón,
me enseñaron a escuchar
con ojos de observador,
ayudándome en su día
a entender y comprender
a quien hablar no podía.
Tiempos de casas austeras
de calzadas a la entrada
como felpudos de piedra,
de cortinas de sisal
guiñando al sol en las puertas.
De espetera en las cocinas
tinajas y cantareras,
de calderas y de trébedes
y de arcas en las despensas.
Tiempos de mozos y mozas
en familias bien pobladas
de festejo y alegría,
de peinazgos y de albadas.
De fuente al atardecer;
cántaros de piedra negra
con rodete a la cabeza
subiendo y bajando cuestas.
De coladas en el río
y de trillos en las eras,
de parvas y de fascales
de carros y de galeras.
De bardas y de corrales,
de pajares y brocheras
de animales en la dehesa
y de arreñal a la vuelta.
De tantas y tantas cosas...
de palabras casi muertas.
Esas personas y tiempos
nos empujaron la puerta
al momento en que vivimos.
¡Gracias! ¡Mereció la pena!
Ahora, estando aquí
es menester que agradezca
mi presencia en este pueblo
desde que yo era pequeña.
A las manos que guiaron
mi infancia en este lugar,
a mis padres, mis abuelos
que seguro hoy me verán.
A todos cuantos me abrieron
sus puertas hasta el hogar
enseñándome su vida
y ofreciéndome amistad.
Lo que me ha dado este pueblo
se lo debo y es mi aval.
En el vientre de mi madre
emigraba de esta tierra
mas mi raíz aquí estaba
y esa raíz aquí está.
La casa de mis abuelos
de mi padre y su gozar
la casa donde él volvía
a cazar, pescar, andar
por la tierra que de niño
era parte de su hogar
y aquella naturaleza
que él amaba de verdad.
Aquí viví lo mejor:
vacaciones, Navidad,
el verano y el calor
y las fiestas de San Juan.
Era la vida de antaño,
un recuerdo medieval.
Aquella escuela viviente
con toda su intensidad
en cada plano topaba
con mi gran curiosidad.
Y en verano... llegó el día
que mi ventura engarzada
con un chico que pescaba
mientras veía pasar
y nuestras vidas siguieron
en un trazo nada más.
La vieja casa se hundió
troceando los adobes.
Su recuerdo perduró
cual cimiento resistente
y otra casa levantó
que guardara para siempre
lo que allí se disfrutó.
Volvimos todos al pueblo
en un nuevo renacer
de esta tierra y de su gente
algunos años después.
Y en ese tiempo feliz
mi padre quiso quedarse
en su pueblo para siempre.
Un cariñoso recuerdo
para aquellos que emigraron
ahogando su corazón
y no supieron volver;
¿por olvido? ¿por dolor?
Mas ¡ya basta de recuerdos!
la fiesta he de pregonar.
Que nadie se sienta solo
pues el pueblo es la morada.
Ya estamos todos aquí
y con luz en cada casa.
El corazón alegremos
y al despuntar la alborada
la música de las calles
resuene ya en nuestras casas.
Que repiquen las campanas
con esa fuerza y llamada
que a todos nos emociona
en tan especial jornada.
Que el pendón, majestuoso,
ondee al viento sus alas
por aquellos que remontan
su esfuerzo cada mañana.
Que los hombres de este pueblo,
porten a hombros o en sus almas
a San Juan, "el precursor",
en recuerdo de otros hombres
que precedieron su hazaña.
Que nuestra Virgen de Duero
con fecundidad de agua
bendiga casas y calles
alzada sobre sus andas
volada por las mujeres
con ilusión renovada.
Qué la música nos cale
inundando el corazón
y nos dejemos llevar
por su compás y su son.
Disfrutemos de la mesa
con el plato y con la charla
pues se degusta mejor
una comida, animada
con la mejor compañía
y bebida moderada.
Que especialmente los niños
disfruten de estas jornadas,
el recuerdo impulsará
su regreso en el mañana.
Que los mayores sepamos
transmitir este legado:
el cariño por el pueblo,
el valor de lo añorado.
Que nos sintamos unidos
por una sola palabra
Almarail "nuestro pueblo"
olvidando simplemente,
lo que no tiene importancia.
Que la fiesta de comienzo,
ya está todo preparado
gracias al tesón de algunos
que en ello se han esforzado.
¿A que sabemos quien son son?
¡Son los del bastón de mando!
Pues ¡que empiece ya la fiesta!
por San Juan y por María
y que todos la vivamos
compartiendo la alegría.
¡¡VIVA ALMARAIL!!
¡¡VIVA SAN JUAN!!
¡¡VIVA LA VIRGEN DE DUERO!!
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