Buenas noches, mis queridos Almarailenses:
Hoy que vamos a empezar las fiestas en honor de San Juan y la Virgen de Duero,
tengo que deciros que para mí es noche de dar gracias: gracias por tener el
honor de empezar las fiestas de este año y permitirme deciros cómo me siento.
Podéis imaginar que muy feliz y contenta.
Gracias a mis chicas de oro: Ilu, Maribel y Ana.
A Ilu por recibirme en tu casa como si fuera mía, por hacer honor a tu nombre,
por cuidarme y demostrarme siempre tu cariño. También me acuerdo de Luis. Allá
donde estés, gracias.
A Maribel por compartir tu vida conmigo, tus alegrías y penas, por hacerme
confidente de tus inquietudes y miedos. Sabes que te quiero.
A Ana, porque aún siendo muy niña, muchas veces tu comportamiento maduro me ha
hecho reflexionar. Eres una gran persona y sabes que cuentas con mi cariño y
respeto.
En este agradecimiento personal no me olvido de Serafín. Aunque no te lo creas,
también te quiero…fraternalmente.
Ahora os voy a contar por qué me siento tan bien entre vosotros:
- Desde el primer día me he sentido muy bien recibida. En alguna ocasión
esperada y muchas veces querida. Desde el principio he recibido más de lo que
merecía. Estoy muy a gusto entre vosotros. Me encanta compartir confidencias e
incluso algún cotilleo con el que sentirnos cómplices.
- También quiero contaros algo que me resulta muy especial y muy curioso: cuando
muy joven mi entonces novio, ahora marido, mañana quién sabe…, me llevaba a mi
pueblo, Noviercas, siempre me decía «en cuanto llegamos a Agreda, te cambia la
cara y te brillan los ojos». Mirad, esa es una emoción que me resulta difícil
explicar, pero que revivo cada vez que llego a Almarail.
Hace unas semanas, cuando preparaba estas líneas que ahora os estoy contando,
pensé que debíamos recordar también a las personas que han formado parte de este
pueblo que me ha acogido pero que ya no están con nosotros. Echo en falta
atenciones que cada uno de ellos nos regalaba: echo en falta su hospitalidad
generosa, su simpatía en el recibimiento y en el trato, sus ojos picaruelos, la
bondad reflejada en su cara, el respetuoso comportamiento conmigo.
Para terminar, quiero despedirme leyendo unas palabras de un poeta muy
importante para nuestra tierra:
¡Oh sí! Conmigo vais, campos de Soria,
tardes tranquilas, montes de violeta,
alamedas del río, verde sueño
del suelo gris y de la parda tierra,
agria melancolía
de la ciudad decrépita,
me habéis llegado al alma,
¿o acaso estabais en el fondo de ella?
¡Gentes del alto llano numantino
que a Dios guardáis como cristianas viejas,
que el sol de España os llene
de alegría, de luz y de riqueza!
Os doy las gracias por permitirme pisar tierra soriana rodeada de buena gente.
(Como he comenzado diciendo) muchas gracias. Felices fiestas para todos. Viva
San Juan, viva la Virgen de Duero, viva Almarail.
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